Dónde ver el desfile del Día de América en Asturias. Esta es una de las preguntas más frecuentes que nos llega a la web. Y, por tanto, merece que os describamos su itinerario y hagamos, de paso, algo de historia.

Los primeros años el desfile tuvo distintos trayectos, contando siempre con la calle Uría como escenario principal.

La causa de los cambios en el recorrido hay que buscarla en la logística que acarrea la organización de un evento de tales características: decenas de grandes plataformas engalanadas, de grupos folclóricos y de bandas de música. Todos ellos  suman en su conjunto un elenco de cientos de personas que, con el tiempo, superan ya los dos millares de participantes.

 

 

Dónde se veía el desfile en 1954

 

En 1954, por ejemplo, se utilizó como “centro de operaciones” la popularmente llamada “quinta de los Catalanes”. Se trataba de un amplio espacio comprendido entre las actuales calles González Besada (segundo tramo) y Pedro Masaveu, propiedad de una familia catalana. Allí, a la espalda del convento de las Carmelitas, levantaron una gran sociedad ganadera. La zona fue especialmente castigada durante los enfrentamientos de la guerra civil y Regiones Devastadas la eligió para acondicionar allí un moderno campus universitario.

Aún sin finalizar la urbanización, había espacio de sobra para albergar toda la parafernalia inherente al desfile.

El desfile se celebró el 23 de septiembre (hasta 1969 esa era la fecha del Día de América en Asturias). La patrulla de la policía municipal que encabeza el cortejo se dispuso en formación para embocar el primer tramo de González Besada. A esta calle siguieron la plaza de San Miguel, calle Santa Susana, Asturias, Independencia e Ingeniero Marquina, desde donde se llegaba a la calle Uría.

La céntrica calle, junto con su continuación, Fruela, formaban el eje principal del desfile, con su kilómetro de longitud. El gran problema surgía al doblar hacia Pozos, pasando de los 16 metros de ancho de Fruela a los menos de 6 de la estrecha vía. Para salvar este inconveniente con las carrozas más grandes, se optaba por desviarlas por la calle San Francisco (entonces, de José Tartiere). Y se reintegraban al cortejo que venía de Ramón y Cajal en dirección a Mendizábal.

El trayecto seguía por la calle Argüelles, pasaba delante del teatro Campoamor por Pelayo y enfilaba Palacio Valdés (entonces Dueñas). Finalmente, recorría la calle Melquíades Álvarez, pasando ante la iglesia (hoy basílica) de San Juan el Real. El trazado se acababa en el entronque con la calle Uría.

 

Conclusiones

 

Desde Uría, los pasos del desfile debían regresar a los Catalanes vía Independencia-División Azul-Hermanos Menéndez-Pidal-carretera del Fresno (oficialmente, Padre Vinjoy)-González Besada.

El largo trayecto González Besada-Melquíades Álvarez contó con un total de 3’5 kilómetros de recorrido. El espectáculo se demoró más allá de las 3 horas y los participantes acabaron exhaustos. Pero permitió a la Sociedad Ovetense de Festejos, SOF, organizadora del evento, sacar pecho de su poder de convocatoria: calcula la llegada a Oviedo de “1.200 automóviles privados y 108 autocares” de toda Asturias. A los que se suman los trenes especiales que en esos años flotan Renfe y Feve para atender la demanda de los concejos limítrofes. En total, de acuerdo con los datos de la SOF, ese año asistieron al desfile “100.000 personas venidas de toda la región”.

Y es que se habían anunciado importantes novedades que harían más espectacular si cabe el desfile. La calle Uría y adyacentes se adornaron por vez primera con las banderas de todos los países hispanoamericanos (costaron 15.000 pesetas). Las enseñas compitieron por el día en colorido con el de los juegos de iluminación nocturna instalados en Uría y Escandalera (41.200 pesetas de coste).

 

 

Ver el desfile con comodidad

 

Aquel año de 1954 también tuvo otra novedad: las sillas. Se instalaron los asientos en todo el eje Uría-Fruela. Un kilómetro de sillas de madera para ver el desfile en primera fila (con el tiempo habrá dos hileras, de distinto precio) y con comodidad. Tal fue la justificación oficial dada por la SOF, aunque la realidad era otra: ese año se logró ingresar 115.151 pesetas (86.511 procedentes de  alquiler de los asientos, y el resto a donativos y venta de serpentinas). Por comparar, en 1951 y 1953 se habían recaudado en donativos y serpentinas 7.536 y 17.108 pesetas.

El éxito de las serpentinas se puede cuantificar un año más tarde: la SOF estima en 15.000 los paquetes de serpentinas vendidos. A las tiras multicolores hay que añadir los confetis y demás papelería comprada a particulares o confeccionada de manera artesanal. Y todo ello suponía, según los cálculos de la SOF, “5 toneladas” de multicolor basura arrojada a las calles al término del desfile.

Para aquella edición de 1955 la organización optó por acortar el recorrido medio kilómetro. La salida se estableció en la calle General Elorza (entonces muy poco concurrida al no haber apenas edificios), a la altura del cruce con Pumarín/Foncalada. Tras pasar la plaza Primo de Rivera, alcanzaba Uría subiendo por la avenida de Santander, para recorrer el conocido tramo por las calles más céntricas: Uría, Fruela, Pozos, Ramón y Cajal, Mendizábal, Argüelles, Pelayo, Palacio Valdés y Melquíades Álvarez. Los participantes regresaban entonces al punto de partida por Fray Ceferino.

El cómputo de sillas ocupadas y las cifras ofrecidas por las compañías de ferrocarril de billetes vendidos (32.652) permitieron realizar un cálculo a la SOF: a pesar de reducir el recorrido, el desfile había congregado a más de 80.000 las personas.

 

 

Trayecto acortado

 

El crecimiento espacial de la ciudad y la importancia que adquiere en el entramado automovilístico la calle General Elorza provocó la imposibilidad de utilizarla como salida.

Desde 1967, el recorrido del desfile del Día de América en Asturias comenzaba y acababa en la calle Uría, recortando su longitud hasta los 2,2 kilómetros. La zona de organización quedó establecida en los alrededores de la Escuela de Minas, a donde regresaban los pasos acabado el circuito.

Este trayecto se mantuvo hasta 1991, con una única excepción: 1972. En la plaza de la Escandalera se estaba acondicionando el primer aparcamiento subterráneo y público de la ciudad.

Las obras impedían el paso hacia la calle Fruela. Se debatió seriamente la posibilidad de suspender, por vez primera en la historia de la fiesta, el tradicional desfile del día 19 de septiembre. Pero se decidió seguir con la organización, porque no habían logrado su anulación situaciones mucho más comprometidas: hubo que retrasar varias ediciones el cortejo o acortarlo por intempestivas tormentas; Oviedo fue cercada varios años por huelgas del transporte, minería, panadería…; pero los piquetes no impidieron entonces la entrada y salida a la ciudad de carrozas, grupos folclóricos, bandas de música y público procedentes de otros lugares.

El recorrido se redujo a la mínima expresión. Para que la cabeza del cortejo no terminase comiendo la cola, se acortó también el contenido, con escasos grupos folclórico y menos carrozas.

El desfile apenas recorrió la calle Uría, desviándose por un lateral abierto de la plaza de la Escandalera hacia Pelayo, Palacio Valdés y Melquíades Álvarez. Apenas 1’250 kilómetros de trayecto.

Una ruina, porque en un trazado tan corto el público se vio muy menguado. Con menos público, menos sillas y menos serpentinas, no se cubrió ni la mitad del presupuesto de 1.164.000 pesetas.

 

 

El éxito de las bodas de plata

 

Todo lo contrario a 1972 ocurrió tres años después, al cumplirse el 25º aniversario del desfile en 1975.

La SOF echó la casa por la ventana, como se suele decir, con un presupuesto que ascendió hasta los 2 millones de pesetas. El desfile recuperó el trayecto habitual (salida y fin en Uría, desde la estación de tres del Norte a la calle Melquíades Álvarez). Rescató a Alfonso Iglesias como director y alma mater del desfile. Junto a él, varios nombres muy destacados en el diseño (Chus Quirós) o la escultura (Rafael Urrusti). Las carrozas se multiplicaron y se crearon nuevos pasos (los “alfonsinos”, la Madre Vaca y sus ‘hijos’, la Familia Fabada, las “madreñetes” …) Se contrataron 13 grupos folclóricos extranjeros, que más los regionales y las bandas de música, alargaron el desfile hasta las 3 horas y media.

El esfuerzo valió la pena, ya que el éxito fue espectacular, al decir de todas las  crónicas. La asistencia superó todas las expectativas, para convertirse en la edición más multitudinaria con cerca de 200.000 personas. Esta masiva asistencia de público permitió el alquiler de todo el espacio dispuesto: 6.124 sillas dispuestas en la vía pública y las 1.450 localidades de las tribunas, a un coste entre 75 y 250. Y favoreció la venta de más de 50.000 paquetes de serpentinas. Gracias a estos datos, el balance económico resultó positivo.

Y es que el alquiler de las sillas siempre ha sido uno de los capítulos más importantes para equilibrar gastos e ingresos. En 1980, por ejemplo, la SOF incluye en su balance unos ingresos de 2 millones de pesetas en el concepto de alquiler de sillas para el Día de América en Asturias.

 

 

El ‘ensanche’ del trayecto: dónde ver el desfile hoy

 

En 1991 llega al Ayuntamiento de Oviedo un nuevo equipo de gobierno presidido por Gabino de Lorenzo.

Entre las  muchas novedades que se advierten en las fiestas de San Mateo está la potenciación del Día de América en Asturias. Durante una década había decaído en su espectacularidad, debido a la congelación de su presupuesto, cuando no drástica disminución.

Se profesionalizó el diseño del desfile -grupo GAP- y se encomienda la dirección técnica a Javier Batalla con el objetivo de dar mayor vistosidad al espectáculo. El itinerario se reformó para utilizar las calles céntricas más anchas con el fin de que puedan circular sin inconveniente alguno grandes plataformas engalanadas. Regresó el llamativo desfile de los grandes “haigas” de los años cincuenta, convirtiéndose de esta manera Oviedo en un verdadero salón del automóvil retro. Y se volvió el folclore hispanoamericano.

A todo ello se sumará un nuevo y llamativo espectáculo final, al decir de prensa y ciudadanos: el servicio de limpieza, que en apenas una hora es capaz de dejar totalmente limpias y despejadas las calles por donde ha discurrido el desfile.

En efecto, la reforma del trayecto se efectuó para acabar con la necesidad de desviar las grandes carrozas de las calles más estrechas. Desde entonces, el desfile del Día de América en Asturias recorrerá las calles más anchas del centro urbano, a saber: Independencia, Uría, Marqués de Santa Cruz, Santa Susana, plaza General Ordóñez, avenida de Galicia, plaza de América, calle Marqués de Teverga y Asturias. En total, 2,290 kilómetros, que tienen en la Losa (avenida Fundación Príncipe de Asturias) su área de logística y salida, y Arquitecto Reguera su final.

Este año el actual recorrido del Día de América en Asturias celebrará su 30º aniversario, sumando así conmemoración a los 65º años de los ‘alfonsinos’.

 

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